Comencé con un ensayo de Teoría del Conocimiento y terminé recordando el árbol que una vez planté
Sólo basta asomarse por la ventana y observar detenidamente nuestro alrededor. La naturaleza nos rodea, y en la mayoría de los casos, la naturaleza misma esta dañada por la acción del hombre. ¿Hay acaso alguna manera determinada por la cual debamos tratar a nuestro medio, a la madre naturaleza? Este ensayo girará en torno a nuestra obligación ética de tratar el medio natural en el que vivimos y en torno al impacto que hemos causado en éste, con el correr de los años.
Nuestros más lejanos ancestros, Adán y Eva, también conocieron a la madre naturaleza, pues ésta, es mucho más antigua que todos los hombres. No ha habido ser que no haya conocido, vivido y fenecido rodeado de la naturaleza. Naturaleza entendemos por los vastos y amplios valles que nacieron en América del Sur, y por los áridos e infértiles desiertos de África; por los majestuosos arboles de copa tan lejana como una estrella, y por los arbustos diminutos que habitan alrededor de las casas; entendemos naturaleza por los omnipotentes mamíferos depredadores, y así como los insignificantes insectos de colores. Y, lo más importante: nosotros cumplimos un papel muy importante en ese medio.
Sin embargo, no todo lo que nos rodea es naturaleza. Nos rodea, sí, pero cada vez se le ve menos; y es necesario hacer viajes exhaustivos para llegar a un lugar donde por los cuatro costados, te encuentres cara a cara con la naturaleza. El hombre, bajo el lema de “Modernización es progreso”, ha ido opacando a la naturaleza, dejándola de lado. ¿Cómo? De mil y un maneras. Levantando edificios de altura interminable en los bosques, construyendo pistas y carreteras en valles que permanecieron vírgenes por muchos siglos, llevando la urbanización a todos los lugares posibles. Y eso no es todo: no solo se trata de cortar de raíz a un valle y rellenarlo con un millar de casas, sino que también de un mal trato. El hombre, no solo ha ido desapareciendo a la naturaleza paulatinamente –a un ritmo que cada vez adquiere mayor velocidad- sino que también ha descuidado y maltratado lo que queda de naturaleza, la cual cada vez es menor.
Cuando hablamos de un maltrato por parte del ser humano hacia el medio ambiente aparecen palabras como: contaminación, tala indebida de arboles, explotación no inteligente de los recursos (sobreexplotación, en muchos casos), derrame de petróleo en océanos, calentamiento global, entre otros. Esto no es algo lejano, o ajeno a nosotros. Sino que hablamos de hechos, hechos que aparecen a diario en las noticias de las seis de la mañana. No hay persona que pueda decir y defender que no ha contaminado nunca o que nunca ha maltratado al medio ambiente. Nunca digas nunca. Basta con lanzar un –aparentemente insignificante- envoltorio de caramelo, para darle un golpe en las costillas a la madre naturaleza. ¿Qué niño, adolescente o adulto nunca (en su vida) lanzó un envoltorio de galletas a la vereda, cuando no encontró un basurero cerca o cuando si había uno, a medio paso de distancia, pero era demasiada la pereza que sentía? Sería imposible encontrarlo. Está claro que lanzar un envoltorio a la vereda parece no dañar a nadie, pero lo hace. Si cada persona del mundo ha tirado un envoltorio, sólo uno, al piso; ¿cuántos envoltorios son en total? Serían 6 972 688 217 envoltorios. Tantos envoltorios podrían llenar el Empire State Building tres veces.
El problema aquí, no sólo son envoltorios, porque la gente no sólo echa a la calle envoltorios. Las personas no sólo echan al rio o mar envoltorios. Las personas no sólo echan a los parques envoltorios. Echamos todo tipo de cosas inservibles, desde muebles de un metro de alto, hasta pilas gastadas. Desde cascaras de plátanos hasta pañales sucios. Desde un perfume de olor desagradable hasta tanques de ácidos. Basta con hacernos esta pregunta: ¿A dónde llega a parar nuestra basura? El camión de basura llega puntual a nuestras puertas y se encarga de desaparecer las bolsas malolientes de nuestra vista, pero, ¿a dónde las lleva el camión de basura? A la naturaleza, porque si de algo estamos seguros, es que no va a parar a un edificio moderno, con aire acondicionado y vista a la playa. No, sino que va a parar a la mismísima playa. ¿Cuántos países podrían ser sofocados con toda la basura del mundo? La respuesta a esa pregunta, es preocupante.
Otra pregunta muy importante, que todos deberíamos hacernos, es: ¿Cómo tratamos a los animales? La vida de un ser humano sin animales, no sólo sería solitaria y sin diversión, sino que… no sería vida en lo absoluto. Si bien podemos alimentarnos fácilmente de vegetales o frutos, ¿Qué hay de la carne energética que adquirimos de los animales? ¿De todos los alimentos derivados de animales? Nuestras vidas se volverían insignificantes y sin sentido; moriríamos en un abrir y cerrar de ojos. El problema, no obstante, no es la ignorancia sobre este tema, porque no hay persona en el mundo que no sepa de la importancia de los animales en nuestras vidas. El verdadero problema es que a pesar de saberlo, muchos no hacen nada al respecto, sino que se alzan de hombros y continúan. Un ejemplo claro para esto, son los animales extinguidos y los que están a punto de extinguirse. Hoy en día están a punto de extinguirse 50 especies de animales. Mañana, ¿otras cincuenta? A este paso, seremos más que capaces de poner fecha y hora exacta para la extinción total de los animales. ¿Es así como le pagamos a la naturaleza? ¿Es así como tratamos el medio en que vivimos, a nuestro hogar? Alexandr Herzen, hace unos años dijo, La naturaleza hace grandes obra sin esperar recompensa alguna; y nosotros, ¿Qué hacemos?
Por otro lado, para muchas personas, la madre naturaleza no se queda atrás, sino que responde de la misma manera –o peor- que nosotros. En el periódico también encontramos noticias sobre huaycos, maremotos, tornados, tormentas y terremotos que dejan miles de vidas atrás. Pero, ¿es realmente la naturaleza quien está atrás de todos estos acontecimientos, o es el hombre? La respuesta es más clara que el agua: ambos. Si es que el hombre no hubiera dañado la capa de ozono, contaminando y utilizando aerosoles, no sabríamos lo que significa un calor infernal en invierno o la desaparición de nevados y el descongelamiento de los polos. Si es que el hombre no hubiera contaminado excesivamente, no tendríamos idea sobre la lluvia acida o el efecto invernadero. Todo esto, son causas de los desastres naturales, por lo cual no estamos en la posición de quejarnos.
¿Por qué?, muchos se preguntan. ¿Por qué las personas actúan así? Desconsideradamente, egoístamente, ignorantemente. Porque no toman conciencia y no saben lo que hacen. La raíz del gran problema que es “el trato hacia el medio ambiente” es la educación. Si bien hoy en día existen campañas de reciclaje, campañas de “plantando un árbol”, de limpieza de parques, de “tomemos conciencia”… Sin embargo, no es suficiente para cambiar todo el daño hecho los años pasados. No es suficiente para cambiar la mentalidad de más de 6 mil millones de personas. Entonces, ¿qué debemos hacer? Seguir adelante es la respuesta, continuar tratando de cambiar, de mejorar. Ya que, como dijo Albert Einstein: “El mundo es un lugar peligroso. No por causa de los que hacen el mal, sino por aquellos que no hacen nada por evitarlo”; debemos hacer algo al respecto y no quedarnos de brazos cruzados. Debemos tomar conciencia sobre el trato que la naturaleza se merece.
¿Tenemos la obligación y el deber de tratar de alguna manera determinada a la naturaleza? ¿La naturaleza se merece un trato ético por parte de nosotros? La respuesta, es sí. Así como cuidamos minuciosamente nuestros nuevos zapatos de gamuza o cuidamos que nuestro departamento esté impecable, sin una pizca de polvo; debemos hacer lo mismo con el medio en el que vivimos, con la naturaleza… y hasta más. Porque los árboles o los animales no tienen una etiqueta de precio. No podemos destruirlos y volver a adquirirlos en la tienda más cercana. Una vez que el delfín rosado se extinga, no podremos comprar uno en mercadolibre.com. No, sino que todo lo contrario. ¿Estamos dispuestos a perderlo todo, por el simple hecho de no saber comportarnos y amar a lo que nos rodea? Nadie lo está.


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