Déjame que te cambie la vida
La ladrona de libros me susurró palabras de aliento cuando más lo necesitaba.
Sopló las respuestas a mi oído y una calma infinita quedó tatuada sobre mi piel. La ladrona de libros me enseñó lo que verdaderamente era la literatura. Me enseñó cómo uno puede sumergirse entre líneas y encontrarse en cada una de las consonantes.
Son sus palabras delicadas las que convierten la lectura en una paciente melodía. Una vez embutida la nariz en las páginas, todo comienza a dar vueltas. Las letras danzan a tu alrededor y las mundanas preocupaciones salen corriendo por la puerta trasera. Subes cada uno de los capítulos y terminas volando hacia el final con una sonrisa. Llena de felicidad y tristeza a la vez.
Lloré y carcajeé con La ladrona de libros. Me mostró poco a poco lo que verdaderamente fue el holocausto nazi y el dolor y sufrimiento que lo acompañó. Pero también, y esto es lo más importante, me mostró las siete verdades de la amistad y cómo el amor perdura hasta en las peores de las circunstancias.
Una vez que comiences, no te detengas. Deja de Liesel te coja de la mano y te cuente su historia en delicados y juguetones versos. Deja que te cuente cómo robó libro tras libro y cómo se hizo mejor amiga de las palabras.
Piérdete por un breve instante en la calle Himmel y juega con Rudy hasta que tus tobillos ardan.


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