Fotografía de la escena:

Pergamino arrugado, pluma alargada y desgastada, tinta azul bañando la punta de mis dedos, y palabras, palabras volando por doquier.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Se llama "No ingresar a la primera", ¿lo conoces?

La historia de cómo no ingresé  a la universidad

Resulta gracioso caer en la cuenta que solo bastó dar click, para que ciento cincuenta y nueve corazones se rompiesen.
Lo más duro no es ver cómo las sonrisas de las personas que te rodean se convierten en muecas tristes y en llanto silencioso. Tampoco es imaginarte los rostros de las personas que esperaban y confiaban ciegamente en que no los defraudarías. Lo más duro, sin duda, es sentir cómo el fracaso te acaricia cada célula del cuerpo.
Fue alrededor de las ocho de la noche de un 11 de noviembre, cuando di ese click. Y sí, mi corazón se rompió. Fatídico, te lo aseguro. Busqué mi nombre dos veces en los cincuenta primeros puestos. No me encontré. Te contaré cómo fue. Primero vino la incredulidad; después, el fracaso y el dolor se abrieron paso. Esa fracción de segundo, duró una eternidad. Pude sentir cómo mi corazón se convirtió en un puño, para luego caerse hasta las plantas de mis pies. Mil y un pensamientos asaltaron mi mente. Mi madre, fiel, se encontraba en el mismo lugar de siempre: a mi lado. Eso fue un golpe en el estomago.
Miré a esa mujer que tanto amo y admiro y negué con la cabeza. No. No había ingresado.
Después de la incredulidad, vino el dolor y ese sentimiento de fracaso que hace cosquillas hasta perder la cordura. Lo que ocurrió después de cerciorarme de que había fracasado - porque en ese momento eso era lo que pensaba y sentía -, fue derrumbarme y derretirme en los brazos de mi madre. Lloré como nunca lo había hecho. Lloré como si hubiera perdido la vida en ese examen. Quise morir, no te mentiré. Pues fue la primera vez que probaba la amarga manzana del fracaso.
No te lo voy a negar: por un momento creí que lo lograría. No sé qué fue lo que impidió que ingresara. ¿Habrá sido el problema de geometría que no supe resolver? ¿El problema de gramática? ¿Los nervios que sentí ante una pregunta de política peruana? No lo sé. He repasado cientos de veces lo que ocurrió y sigo sin encontrar el fallo principal, porque fallos encontré miles. ¿Qué fue lo que me dejó atrás?
Lloré. Grité. Y traté de castigarme viendo una y otra vez mi resultado. Puesto 64. Sesenta y cuatro. Era un fracaso.
Y como ocurre siempre, después de la tormenta viene la calma.
¿Qué pasaría si hubiera ingresado? Podría haber sido atropellada cuando me disponía a hacerme la prueba de TBC. Podría haber sido reprobada en Química, Física o Biología; dado a mis pobres conocimientos en esos cursos. Podría haberme rodado por las escaleras el primer día de clases, y haber sufrido un daño cerebral que me hubiera impedido ser médica o ser zapatera siquiera. ¡Podría haber sido aplastada por un asteroide!
O podría haber sido muy feliz.
No lo sé. Lo que sí sé es que se lo preguntaré a Dios en cuanto pueda. Lo que sí sé es que todo ocurre por una razón y Dios sabe perfectamente esa razón. Lo que también sé es que el próximo año no ingresare en el puesto 50, como me hubiera conformado este año. Ingresaré en uno de los primeros puestos. Como se lo dije a Marcos, no es una promesa. Es un hecho. Porque si es que este año me esforcé, el próximo lo haré aun más. Si este año sacrifiqué muchas cosas, el próximo lo haré aun más. Si este año saqueé 560 en el examen, el próximo sacaré más de 600. Y si este año di una muy buena entrevista, el próximo daré una excelente.
Me hubiera fascinado ingresar este año, te lo digo con la mano en el pecho. Pero, qué preciosa seria la vida si fuera así de fácil. Hubiera sido grandioso decir por primera vez: Ingresé. Hubiera sido grandioso sentir como la clara de huevo se desliza por tu frente.
¿Pero sabes qué es aun más grandioso? El tener una frase en tu poder, y que será tuya para siempre: Yo me caí y lloré por las heridas de mis rodillas; pero me levanté y seguí. Cojearé, al comienzo, pero sé que en algún momento –hoy, mañana o la próxima semana– volveré a caminar con normalidad, para luego correr.
Espera un año y podrás verme con mis scrubs celestes y mis zapatillas amarillas.
Antes de irme a dormir y pasar de página: ¿Sabes que es aun más gracioso? ¿Más gracioso que todo lo que sentí y escribí? Que cuando ingresas y lo pones en Facebook, recibes mil notificaciones por segundo. Cuando no ingresas, no recibes notificación alguna. Y si sí lo haces, es entonces a un paso de tortuga reumática coja.

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