Fotografía de la escena:

Pergamino arrugado, pluma alargada y desgastada, tinta azul bañando la punta de mis dedos, y palabras, palabras volando por doquier.

domingo, 28 de noviembre de 2010

"Ser fuertes", para tontos

 Con o sin ayuda, aprendes a levantarte

En algún momento de tu vida, flaquearás. Tus rodillas cederán, tarde o temprano, y estarás al borde de desmoronarte, como si fueras un débil y tambaleante castillo de naipes.  Mil y un obstáculos se te presentarán, tropezarás y rasparás tus codos. Pero, lo más importante: mil y un veces deberás levantarte. ¿Cuán fuerte eres?, es mi pregunta. ¿Quién te enseñó a serlo? Tener la respuesta te costará unos segundos; minutos, tal vez. El breve instante que te tomará vociferar la respuesta será suficiente para que una palabra se cruce por tu mente. Familia. No podemos hablar de lucha, sin mencionar a quienes te enseñaron a luchar; no podemos hablar de esfuerzo, sin nombrar a quienes te explicaron lo que era esforzarse; no podemos hablar de fortaleza, sin hablar de quienes fueron fuertes para ti, dándote un ejemplo a seguir. Sin embargo, ¿son todos conscientes de eso? Este ensayo girará en torno a la fortaleza y al estrecho vínculo que tiene con la familia; ya que, después de todo, la familia fuerte y la fortaleza familiar… no son tan diferentes.
El papel que cumple la familia en nuestras vidas es protagónico. Podría decirse que la familia es necesaria para la persona humana, ya que permite que éste se desenvuelva en sociedad, por los valores, el apoyo y amor que engloba. La familia siempre ha sido y será el pilar de la sociedad. Así, la familia se convierte en un majestuoso castillo, que además de proteger y sostener a sus miembros, éstos deberán defenderla de los ataques y engrandecerla poco a poco, fuerte y erguida. Según el Instituto de Ciencias para la Familia de Pamplona, <>. A la familia se le debe todo, desde los fracaso hasta los triunfos.
Muchas personas, sin embargo, piensan que vivir en familia significa perder libertad individual e independencia. Pero, no, no es así: estar rodeado de personas que te aconsejen, apoyen y brinden amor, no es esclavitud. Cuando nacemos, nadie nos pregunta si queremos tener una familia o si preferimos crecer y vivir por nuestra cuenta, en un apartamento. A temprana edad, no podemos valernos por nosotros mismos, y necesitamos imperativamente de otros. No podemos enfrentar nuestros problemas y lograr metas, porque a esa edad, nuestra más grande dificultad es que se rompió nuestro juguete favorito, y, lamentablemente, el mundo no está lleno de juguetes rotos, sino que de obstáculos que se alzarán como montañas ante nuestros ojos. 
Es desde que nacemos, cuando la familia comienza a trabajar. De pequeños, cuando aún aprendíamos a andar, caímos varias veces. A pesar de eso, siempre hubo alguien que nos ayudó a levantarnos y nos enseñó a no cometer los mismos errores. Ese alguien fue una madre, un padre, un hermano o un abuelo. Louis Pasteur, reconocido químico y físico, dijo hace unos años: << No le evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas>>. Con eso, llegamos a la conclusión de que no aprendimos a levantarnos solos, sino que fueron otros los que nos enseñaron delicadamente a hacerlo. Fue tu familia la que te enseñó a cepillarte los dientes tres veces al día. Fue mi familia la que me enseñó a atar los cordones de mis zapatillas. Y lo más importante: fueron nuestras familias las que nos enseñaron a luchar con fortaleza día a día a lo largo de la vida.
Los obstáculos aparecen varias veces. Son difíciles de vencer, sí, pero no imposibles. Las metas nacen a cada momento; son difíciles de cumplir, sí, pero no imposibles. ¿Por qué no son imposibles?, te pregunto. En la familia, uno aprende a gatear, para después caminar y, y por último, correr. En la familia uno a aprende a caer de bruces, para después levantarse como si nada hubiera pasado. Y lo más importante es que a pesar que tu familia ya te haya enseñado todos los trucos posibles, ésta se quedará a tu lado, recordándotelos una y otras vez, hasta que te salgan a la perfección. Es por eso que no son imposibles. Porque alguien, hace mucho tiempo, te enseñó a no rendirte, a ser fuerte y perseverante hasta el final. Con ese valioso conocimiento, eres capaz de conquistar al universo, y mucho más.

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