Para Ursula.
La amistad es tan complicada como una telaraña.
La desenredas poco a poco, con esmero y dedicación, hasta que un nudo te juega una mala pasada y se escabulle.
Das dos pasos para atrás, te echas el cabello fuera de los ojos, das un largo respiro; y desenredas el nudo. Sólo para encontrarte con otro más adelante.
Sonríes al pasar las finas hebras por tus dedos sin problema alguno. Avanzas con una grandísima satisfacción, para más tarde retroceder con una sonrisa aún mayor.
Tus nervios se disparan, luchas con tu subconsciente, ruedas los ojos, respiras con pesadez.
Ríes descontroladamente, lloras desmadejadamente, gruñes con la adrenalina golpeando tus venas, suspiras con el corazón en un puño.
Pero, nuevamente, pase lo que pase, desenredas el nudo y sigues adelante. Sigues adelante con una mano enredada en la tuya.
Una mano cuyo nombre sólo puede ser amiga.
La amistad es tan vasta como un profundo mar.
Buceas, tratando de llegar al suelo, pero fallas terriblemente. Intentas, tratando de lograr lo imposible: tocar la perfección con la punta de tus dedos.
Te topas con la amistad repetidas veces al año: le rozas el hombro, le golpeas el codo, le pisas el talón. Pero depende de ti el ladear el rostro, sonreír e intercambiar estrofas.

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