Para Adriana, porque ella baila
Ella baila.
En cuanto la música se filtra por sus oídos, se filtra por cada una de las arterias de su corazón, haciéndola levantarse en vilo, estirarse como un cisne, y bailar. Sus dedos se estiran como los de un pianista apasionado, sus caderas se convierten en un vaivén acompasado, sus piernas y brazos se mueven con rapidez y frescura, como si se trataran de marionetas del viento. Y sus pies, sus pies son dos cintas de encaje delicado con nadan sobre el escenario.
En cuanto tus ojos se posan sobre ella, te detienes. La observas bailar y te preguntas mil y un cosas. Escapas de la realidad y te pierdes en su baile.
Ella baila.
El público aguarda una maravillosa actuación. Ella les entrega eso y mucho más. Porque en cuanto su figura es revelada por las cortinas omnipotentes del escenario, te pierdes no sólo en sus ojos vidriosos, emocionados de estar abrazando la felicidad que encuentra al bailar; sino que también te encuentras con gritos que emanan de su cuerpo. Gritos que parecen susurros a veces. Tienes que oírlos para poder terminar escuchándolos realmente.
Déjame que te cuente qué susurran esos gritos. Una sola oración: Nací para esto.
No lo entiendes, porque no bailas como ella lo hace. No encuentras el sentido de las palabras cuando comienzas a moverte al compás de la música. No sientes como tu mundo se convierte en un paraíso cuando te elevas en puntillas. No sonríes cuando ves a alguien bailar, con la misma pasión que tú. No suspiras cuando echas la cabeza para atrás, dejando caer los rizos hacia el olvido, mientras escuchas la melodía enamorada. No sientes cómo cada una de sus células tiembla en cuanto comienzas a dar vueltas como un ángel. No lloras cuando caes, tras haber fallado en un movimiento. No bailas como ella lo hace.
Ella baila una y otra vez. Porque nació para hacerlo.
Ella es administradora de profesión, pero bailarina de corazón.
Nunca lo entenderías. No bailas como ella.









